Quería regalarle a mi padre unos libros sobre los íberos y encontré por internet una librería que vendía a buen precio un par de títulos interesantes. Pensaba comprarlo mediante la página web pero la cercanía de las Navidades me hizo desistir. Iría directamente a la tienda y de paso ojearía los libros antes de comprarlos.
La tienda en cuestión se llama Libros Alcaná. La tienda está situada en la calle Ana María, 30. (Madrid)
Hasta allí me acerqué un sábado por la mañana, un sábado de mucho frío. Después de que el Tomtom me mareara un poco, conseguí llegar a mi destino. La tienda estaba situada en una calle estrecha pero no por ello se me hizo difícil estacionar. Casi aparco en la misma puerta.
La entrada no era muy atrayente a la vista, pero una vez dentro, el paisaje se transformaba. Nada más entrar lo primero que llegaba a tus sentidos era una música clásica de fondo. La luz viraba a una calidez recreada por los muebles y estanterías de madera oscura.
La tienda estaba dividida en dos estancias. Un primer piso donde estaban los libros de acceso al público y un sotano que sólo tenían acceso los empleados donde se encontraban el resto de libros. El cliente preguntaba por uno y uno de los empleados bajaba por las escaleras para poco después aparecer con el libro deseado.
Lo que me sorprendió es que para una tienda tan pequeña hubiera 4 empleados: dos hombres de mediana y avanzada edad, y dos chicas jovenes (una española y otra de rasgos sudamericanos). A lo largo del primer piso los libros estaban ordenados en estanterías en orden alfabético por autor. En algunos espacios se encontraban portátiles de acceso libre para los clientes en donde se podía consultar el catálogo de la tienda.
Al final compré 5 libros, todos de temática ibérica. Tres eran diferentes ediciones de un mismo título y el cuarto y quinto eran de diferentes títulos. En total fueron 35 euros justos. La dependiente me informó que por cada 10 euros de compra podía elegir gratuitamente un libro de una zona de la librería (libros a 1 euro). Así que elegí dos revistas de National Geographic antiguas y mi mujer una novela.
La atención de los dependientes no sé si decir que fue seca o fría. Más bien distante para una librería de libros antiguos en la que suponía me deberían tratar de manera más cálida y cercana, recomendándome libros o temas por el estilo.
Os dejo una foto de los libros comprados.























